Una obra pública terminada pasa a integrar el patrimonio de la sociedad. Cada ciudadano queda cordialmente invitado a cuidar esos espacios comunes, a enamorarse de ellos, a utilirlos con las más absoluta y responsable de las libertades. El problema es que en esa materia los tucumanos solemos recibir un aplazo y las pruebas están a la vista en multitud de plazas, edificios, parques y paseos. Ni hablar del mobiliario urbano, por lo general visiblemente deteriorado. Lo bueno es que en este cursado de la sana convivencia social siempre se puede mejorar. Es un buen objetivo de corto plazo pensando en la provincia que viene y que queremos: nada de basura, máximo respeto y cariño por esos bienes que son de todos. Es un cambio cultural profundo, positivo y esencialmente posible.

El primer tramo de la nueva peatonal está en pleno funcionamiento. Viene recogiendo elogios y críticas, reacciones esperables en el marco de un debate que siempre puede ser enriquecedor. La pelota está en el campo de la ciudadanía, ya que además de mantener limpia la cuadra también debe vigilar y denunciar el vandalismo. Los frentistas se comprometieron a embellecer y potenciar sus negocios, para que lo de “shopping a cielo abierto” no se quede en eslogan. Flaco favor hacen quienes empezaron a invadir el paseo con carteles de dudoso gusto. Contaminar el paisaje visual y auditivo es un clásico de la tucumanidad.

Viene muy bien la mano de pintura dedicada a las dependencias municipales. Hacía rato que el edificio integrado al Mercado del Norte ofrecía un aspecto de preocupante dejadez. Más allá de la lavada de cara se impone resolver, de una vez, el futuro de esa manzana. Ya sea que continúe funcionando como mercado minorista o que se modifique su función urge someterlo a una reestructuración absoluta porque quedó a contramano de la marcha de la ciudad.

Otro escenario reluciente es el puente del Central Córdoba. Por ahora se mantiene a salvo de pintadas y pegatinas, una buena noticia. El sistema de iluminación, bien combinado con el decorado, rescata esa cuadra de 24 de Septiembre para el tránsito peatonal. Era una boca de lobo por la que convenía circular rápido. Las plazoletas adyacentes se integrarán con el complejo de túneles, que contarán con su propio parquizado. Esa zona de la capital reúne las mejores condiciones para convertirse en un espacio verde disfrutable.

Todo depende de lo amigables, agradables y funcionales que son las instalaciones cuando de lo público se trata. Eso garantiza la concurrencia, pero -lamentablemente- no el cuidado. El remodelado parque Guillermina es un ejemplo. La marea de visitantes es incesante durante los fines de semana y feriados, y una vez que se retira quedan las marcas de ese paso: bancos rayoneados, juegos rotos, plantas pisoteadas y muchísima basura desparramada. A propósito: sería bueno que los padres les explicaran a sus hijos que los aparatos de las pistas de salud no son atracciones infantiles. Pero suele padecerse el efecto contrario: esos mismos padres se enojan ante el reclamo del deportista ocasional. Es el mundo del revés.

Si nos convenciéramos del valor de la higiene y la custodia de lo público tendríamos ese jardín del que siempre escuchamos noticias lejanas. Si los vándalos que rompen y pintarrajean por doquier fueran presa del repudio general daríamos un paso esencial en ese sentido. Somos especialistas en señalar defectos e inconductas ajenas, sobre todo si del Estado se trata. Vale apuntar que antes que fiscales nos corresponde ser actores, día día, de ese Tucumán mejor con el que tanto soñamos.